En la noche del sábado 6 de julio, decenas de aficionados turcos se reunieron en el Estadio Olímpico de Berlín para apoyar a su selección en el partido de cuartos de final de la Eurocopa contra Holanda. Al comienzo del partido, durante el himno nacional turco, los aficionados levantaron las manos en señal de saludo a los «Lobos Grises», violando el reglamento.
El presidente turco Recep Tayyip Erdoğan y su esposa viajaron a Berlín para ver el partido. El diario Bild informó de que detrás de Erdoğan se sentó Mesut Özil, ex jugador de la selección alemana de ascendencia turca, que ya había suscitado polémica entre los aficionados con un tatuaje de un lobo.
Inmigrantes árabes y refugiados antiisraelíes, que portaban banderas palestinas, y ciudadanos de Azerbaiyán se unieron a los seguidores turcos. Por el contrario, refugiados sirios contrarios al régimen de Assad, residentes en Alemania, salieron a la calle con banderas de la oposición siria, coreando «Adiós Turquía». Esta acción de los sirios contrarios a Assad en varias ciudades alemanas enfureció a la diáspora turca. Estos simpatizantes turcos, muchos de ellos inmigrantes o recién llegados a Alemania, respondieron con llamamientos a la expulsión de los inmigrantes y refugiados árabes del país.
