Las redes sociales se han convertido en un escaparate imprescindible para los deportistas, una vía para acercarse a la afición y reforzar su imagen pública. Sin embargo, esa misma exposición multiplica los riesgos: insultos, amenazas y una presión añadida que puede desestabilizar incluso a los atletas más experimentados. El caso del francés Ibrahim Ghanem lo ejemplifica: tras vencer en un combate polémico al iraní Seyed Sohrabi en los Mundiales de lucha grecorromana en Croacia, recibió más de 7000 mensajes de odio en apenas veinte minutos.
Diversos estudios confirman que esta presión digital afecta especialmente a los más jóvenes. Según un informe de la Comisión Europea, el 96 % de los adolescentes de 15 años utiliza redes sociales a diario y más de un tercio pasa más de tres horas conectado, con síntomas frecuentes de ansiedad y depresión. En la misma línea, un estudio realizado por el Centro Médico de la Universidad de Ámsterdam con deportistas de entre 12 y 19 años detectó que el uso intensivo de redes sociales se asocia a un peor estado de ánimo y un aumento de la ansiedad.
El impacto del consumo digital en la salud y el rendimiento deportivo
El tiempo frente a la pantalla no solo afecta al bienestar emocional, también a la percepción del propio cuerpo. Investigaciones recientes en psicología aplicada advierten que los adolescentes que consumen entre dos y tres horas diarias de contenido deportivo en redes tienden a compararse más con otros, lo que impacta negativamente en su autoestima. Esta presión se traslada al deporte, donde la autopercepción influye de forma directa en la confianza y en el rendimiento.
También se ha documentado que interactuar en redes sociales en las horas previas a una competición eleva los niveles de ansiedad y reduce la concentración. Psicólogos deportivos señalan que los mensajes negativos recibidos en esos momentos generan distracciones y un desgaste mental que condicionan el desempeño de los atletas en el terreno de juego.
Ibrahim Ghanem, víctima de 7000 mensajes de odio en 20 minutos
En el caso de Ghanem, el acoso digital estuvo acompañado de incidentes físicos. Según relató la Federación Francesa de Lucha, varias personas sin acreditación accedieron a la sala de calentamiento tras el combate, creando un ambiente hostil. “Se le pidió a Ibrahim que apagase su teléfono hasta la final para protegerle del aluvión de mensajes”, explicó Jean-Yves Robin, director técnico nacional.
La federación contactó con la embajada y con la policía local, que destinó un coche patrulla permanente frente al hotel del deportista durante toda la estancia. Además, se habilitó un servicio de transporte privado para minimizar riesgos de agresión. Una situación que refleja cómo el acoso en redes sociales puede trascender lo digital y convertirse en una amenaza real para la seguridad personal de los atletas.
Respuestas internacionales frente al ciberacoso en el deporte
En el último año se han multiplicado los ejemplos de abusos en línea contra deportistas. Durante la Eurocopa femenina de 2025, la UEFA identificó casi 1.900 publicaciones ofensivas contra jugadoras y equipos. La futbolista inglesa Jess Carter denunció incluso insultos racistas en sus redes durante el torneo. En atletismo, la federación internacional World Athletics ha implementado sistemas de inteligencia artificial para filtrar mensajes abusivos en grandes competiciones como los Juegos Olímpicos de París 2024.
Los informes también alertan de que el problema sigue sin resolverse. El Barómetro de la plataforma United Against Online Abuse, publicado en 2025, concluye que más del 90 % de las federaciones deportivas cree que el abuso en redes sociales puede llevar a algunos atletas a abandonar su carrera, y que más de la mitad de los mensajes identificados contienen contenido racista o misógino. En España, el Consejo Superior de Deportes ha reforzado protocolos contra la violencia en sus centros de alto rendimiento, mientras que la Real Federación Española de Fútbol aprobó en 2023 su primer plan de protección de la infancia y la adolescencia frente a riesgos como el acoso digital. A pesar de estos avances, los casos se siguen multiplicando y muestran que se necesitan más medidas y soluciones a nivel global.
