Las grietas de La Vuelta a España y su exposición al riesgo con Israel
Javier Nieto
agosto 28, 2025

El paso del equipo Israel-Premier Tech en la contrarreloj por equipos de La Vuelta a España quedó interrumpido el miércoles en Figueres, cuando un grupo de activistas desplegó pancartas en apoyo a Palestina. Los corredores vieron frenado su ritmo en pleno recorrido y terminaron marcando el peor tiempo en el primer punto intermedio. Tras la revisión de los comisarios, el resultado oficial dejó al equipo en el puesto 14 con una marca de 26:05. Javier Guillén, director de la carrera, calificó lo sucedido como “acto de violencia” y confirmó que se presentará una denuncia.

Pero más allá del resultado deportivo, cabe preguntarse si la organización de una de las tres Grandes Vueltas del ciclismo internacional no había previsto esta posibilidad ante un equipo tan expuesto como el de Israel. ¿Debe asumir las consecuencias La Vuelta? ¿Es justificable declarar como un «acto de violencia» la protesta de unos manifestantes?

Los manifestantes portaban banderas y carteles con lemas como “La neutralidad es complicidad. Boicot a Israel”. La situación generó la detención de al menos una persona, sin que se registraran incidentes físicos. El equipo israelí, sin embargo, quedó visiblemente afectado por el parón, en un episodio que introdujo de manera abrupta la política internacional en la competición ciclista española. La imagen de los ciclistas frenados por una pancarta recorrió medios y redes, dejando el deporte, por un tiempo, en un segundo plano.

Seguridad mínima frente a contexto de alto riesgo

El operativo de seguridad acompañaba a los corredores con apenas dos motos de escolta durante todo el recorrido. Una protección que contrasta con los dispositivos habituales en torno a delegaciones israelíes en grandes competiciones. En los Juegos Olímpicos de París 2024, por ejemplo, se desplegó vigilancia permanente con efectivos del Shin Bet, drones y unidades antiterroristas en torno a la delegación israelí, bajo un “anillo de acero” diseñado para evitar cualquier incidente. En partidos de fútbol como el Francia-Israel de la Nations League movilizaron a más de 4.000 policías. La comparación resulta inevitable.

La diferencia entre esas medidas y lo ocurrido en La Vuelta es significativa. La Ertzaintza ya ha anunciado un dispositivo especial en Bilbao para reforzar la seguridad del equipo, con agentes de paisano, vigilancia en hoteles y patrullas caninas. Sin embargo, el episodio de Figueres evidenció la facilidad con la que un grupo reducido de manifestantes pudo irrumpir en la competición. ¿Debe un evento de esta magnitud conformarse con reaccionar ante estos hechos una vez han ocurrido?

El debate trasciende lo deportivo. Si un torneo abre sus puertas a un equipo que arrastra un contexto político tan sensible, debe hacerlo con todas las garantías de seguridad necesarias. De lo contrario, la exposición al riesgo es evidente y la organización queda en entredicho por no prever un escenario tan previsible. La protesta en La Vuelta mostró que las medidas aplicadas fueron claramente insuficientes ante un objetivo tan visible y vulnerable.