La Federación Internacional de Baloncesto -FIBA- celebró con éxito la sexta edición del Mundial FIBA 3×3 U23 el domingo en Xiong’an (China), donde Lituania en la categoría masculina y Países Bajos en la femenina se alzaron con los títulos. Este torneo, desde su creación, se ha convertido en plataforma clave para jóvenes jugadores con proyección internacional, y juega un papel creciente en el ecosistema olímpico del 3×3.
El torneo U23 World Cup de 3×3 se inauguró en 2018 con sede en Xi’an (China). Desde entonces se han disputado seis ediciones (2018, 2019, 2022, 2023, 2024 y 2025), salvo interrupciones por la pandemia de COVID-19 que impidieron su celebración en 2020. En cada edición participan 20 selecciones masculinas y femeninas, lo que demuestra una estructura estable.
Además, los datos indican que la FIBA ha aumentado la visibilidad institucional del torneo, otorgando mayor relevancia junto a otros certámenes oficiales, integrándolo en el calendario juvenil internacional y promoviendo su vinculación con rankings que tienen repercusión en futuros eventos olímpicos.
Participación global y dominio europeo
En la edición de este año, Lituania venció a Serbia 19-14 en la final masculina, mientras que Chequia se aseguró el tercer puesto tras superar a Croacia en la prórroga. En la categoría femenina, Países Bajos derrotó a Francia 17-13 en la final y España completó el podio con una victoria 18-12 frente a Japón. En el masculino el MVP fue Rokas Jocys y en el femenino Lotte Van Kruistum, ambos con cifras destacadas de puntuación. Estos triunfos refuerzan la hegemonía reciente de naciones europeas en la modalidad.
Las federaciones participantes proceden de todas las zonas FIBA (Américas, Asia-Oceania, Europa, África), lo que demuestra un crecimiento geográfico del torneo. En 2025, la cifra de 40 equipos combinados (20 hombres y 20 mujeres) resalta la capacidad de convocatoria internacional del evento.
Implicaciones estratégicas para federaciones y COI
Este incremento en el número de ediciones y participantes subraya la consolidación del 3×3 como disciplina olímpica, desde su incorporación en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Las federaciones nacionales afrontan retos de formación, planificación, y especialización en esta modalidad, que requiere perfiles atléticos, tácticos y físicos distintos respecto al baloncesto 5×5.
Para los comités olímpicos, el Mundial U23 supone una vitrina clave para jóvenes talentos, contribuyendo a la identificación de atletas que podrían competir en Juegos Olímpicos o en otros certámenes multisectoriales juveniles. También favorece el desarrollo de infraestructuras, de entrenadores específicos, y de programas de apoyo institucional, algo que varias federaciones han empezado a priorizar.
