Fallar mil veces y paseos nocturnos, la filosofía de Vitalii Mandzyn en su debut en Biatlón
Javier Nieto
octubre 1, 2025

En la temporada 2024/25, el biatleta ucraniano Vitalii Mandzyn, de 22 años, disputó 21 de las 25 pruebas individuales de la Copa del Mundo de Biatlón. Su debut llamó la atención al terminar cuarto en su primera carrera en solitario y poco después subió al podio como parte del relevo masculino. Finalizó la campaña en la posición 31 de la clasificación general, aunque una enfermedad le impidió participar en la persecución final de Holmenkollen, quedándose a las puertas del top 30. Con esas bases, afronta el nuevo curso con metas más altas.

Para Mandzyn, la irrupción en la élite significó mucho más que resultados. El propio deportista reconoció que “lo más difícil fue darme cuenta de que realmente podía competir al nivel de los mejores”. Vivió por primera vez experiencias como la clasificación a una salida en masa o una ceremonia de flores, hitos que llegaron antes de lo esperado. El joven admitió que aceptar esos logros sin pensar que eran fruto de la casualidad fue uno de los aprendizajes más importantes del año.

La progresión fue acompañada por un carácter competitivo que arrastra desde la infancia. “Siempre he querido hacer las cosas bien, incluso en los pequeños detalles”, explicó. Según relató, sus profesores ya percibían que sus compañeros le seguían, y con el tiempo ese impulso se transformó en ambición deportiva. En sus palabras, “el biatlón exige tener un gran objetivo, y yo también lo tengo”.

La dureza de los contratiempos en la élite

No todo fueron alegrías en su estreno. Tras un sólido inicio en Kontiolahti, llegó a Hochfilzen donde encadenó malos resultados y sufrió especialmente en el relevo, con dos vueltas de penalización. “Fue difícil entender por qué lo que funcionaba una semana antes de repente fallaba”, recordó. La frustración se multiplicó en pruebas por equipos, donde confesó que los errores “duelen el doble” porque afectan al conjunto.

Esa experiencia le obligó a trabajar la parte psicológica. “Al final entendí que todo era más simple de lo que parecía: solo tenía que hacer lo mismo que en los entrenamientos, y el resultado llegaría”, comentó. A partir de mitad de temporada, la regularidad mejoró y el ucraniano se convenció de que esas lecciones le servirán en el futuro.

Paseos nocturnos y apoyo familiar

Los momentos complicados no los afrontó solo. El biatleta subrayó la importancia de su entorno cercano: “Mis padres me ayudan siempre, me apoyan y me aceptan como soy, y estoy infinitamente agradecido por eso”. También destacó su fe como una fuente de fortaleza tanto en buenos como en malos tiempos, así como la energía que le transmiten los aficionados, especialmente tras caídas en el rendimiento.

Para recuperar la confianza, Mandzyn recurre a paseos nocturnos, conversaciones con familiares y amigos o momentos de soledad. “La clave es no castigarse demasiado y seguir adelante. Nadie ha llegado a campeón sin vivir momentos duros”, apuntó. Convencido de que la perseverancia es esencial, insistió en que “a veces hay que intentarlo cien veces, otras mil, y quizá no funcione, pero el día que dejas de intentarlo todo pierde sentido”.

Una semana, suficiente para recargar energía

El ucraniano reconoció que el éxito deportivo exige un alto precio. La rutina de entrenamientos, concentraciones y viajes deja poco margen para la vida personal. “Una semana en casa ya se siente como unas vacaciones”, confesó. Sin embargo, valoró que el biatlón también le ofrece crecimiento, nombre propio y oportunidades, siempre que logre mantener el equilibrio.

Ese equilibrio lo encuentra en el calor familiar. “La atmósfera de casa es mi verdadera fuente de energía y lo que mejor me recupera”, explicó. Con ese apoyo y una mentalidad ambiciosa, Mandzyn encara una nueva etapa convencido de que su carrera no ha hecho más que empezar y que todavía tiene mucho camino por recorrer en la Copa del Mundo.