Durante años, el abuso en el deporte fue una realidad silenciada. En ausencia de protocolos, mecanismos de denuncia o personal capacitado, muchos atletas atravesaron sus carreras en entornos que no garantizaban su seguridad. El Comité Olímpico Internacional -COI- comenzó a trabajar en esta materia a principios de los años 2000, sentando las bases de una transformación que ha ido consolidándose con herramientas específicas, formación y políticas integradas en todo el Movimiento Olímpico.
La historia de Gloria Viseras, gimnasta española y participante en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, ha tenido un papel significativo en la sensibilización dentro del COI. Viseras fue víctima de abusos graves por parte de su entrenador cuando era menor de edad. “Nadie me enseñó cómo pedir ayuda. Los agresores saben cómo mantener el silencio, y lo hacen manipulando no solo a la víctima, sino también a todo su entorno”, explica. Tres décadas después, tras revelar públicamente su historia, Viseras pasó a ocupar un cargo técnico en el COI para impulsar políticas de salvaguardia en el deporte.
«No se hablaba del tema, era un tabú»
La primera respuesta institucional del COI se concretó en 2007 con una declaración de consenso sobre el acoso y abuso sexual en el deporte. A partir de 2016, se introdujo el Games-time Safeguarding Framework, un marco operativo para prevenir y responder a casos de abuso durante los Juegos Olímpicos. Además, se puso a disposición de las Federaciones Internacionales -IFs- y Comités Olímpicos Nacionales -NOCs- un conjunto de herramientas para el desarrollo de sus propias políticas de protección.
“La protección de los deportistas no era un tema del que se hablara en el ámbito deportivo. Era un tabú, a pesar de su extensión en la sociedad”, afirma Kirsty Burrows, directora asociada de Salud, Medicina y Ciencia del COI. “En 2015 apenas una federación internacional contaba con una declaración formal sobre salvaguardia”. El cambio de enfoque se reforzó dentro de la Agenda Olímpica 2020+5, que incorporó la protección como prioridad estratégica del COI.

IOC Greg Martin
Formación y seguimiento: pilares del nuevo enfoque
En 2021, el COI lanzó el IOC Certificate: Safeguarding Officer in Sport, un programa formativo de 250 horas, impartido durante siete meses. Desde su lanzamiento, 343 profesionales de 99 países han participado en esta formación especializada. Según datos del COI, el porcentaje de IFs que ha implementado plenamente políticas de protección ha pasado del 56 % en 2022 al 82 % en 2025. Estas cifras se complementan con la participación de 197 NOCs en las revisiones institucionales impulsadas por el organismo.
Durante los Juegos Olímpicos de París 2024, la implementación de estas medidas fue especialmente visible. Un total de 154 oficiales de bienestar acreditados de 74 NOCs y 41 puntos focales de 32 IFs trabajaron de forma coordinada para atender a los atletas en caso de necesidad. Paralelamente, el Athlete365 Mind Zone x Powerade, situado en la Villa Olímpica, ofreció más de 2.300 sesiones de realidad virtual basadas en atención plena, así como espacios tranquilos y personal capacitado para detectar signos de malestar.
Abordar el acoso en redes
El COI también ha introducido medidas para abordar el acoso en el entorno digital. Por primera vez, se activó un sistema de protección frente a abusos en redes sociales que analizó más de 2,4 millones de publicaciones en más de 35 idiomas. En los casos en los que se detectaron mensajes dirigidos a atletas o personal oficial, el sistema permitió actuar con rapidez, eliminando contenido que vulneraba las normas de las plataformas y derivando posibles delitos a las autoridades competentes.
Más allá de los eventos deportivos, el COI ha impulsado centros regionales de salvaguardia (Safe Sport Regional Hubs) en colaboración con organizaciones civiles, gobiernos y universidades. En funcionamiento en África Austral y el Pacífico, estos centros desarrollan sistemas de prevención, formación y atención a víctimas adaptados a cada región. “Cada hub es diferente porque responde a necesidades locales”, explica Burrows. Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia del COI, que busca colaborar con organismos como UNICEF, la Organización Mundial de la Salud -OMS- y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito -UNODC- para reforzar la protección infantil a escala global.



