Cuando los Juegos Olímpicos inspiran a grandes marcas de moda
Javier Nieto
septiembre 5, 2025

Lacoste presentó el miércoles una nueva colección limitada Olympic Heritage dedicada a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. La iniciativa forma parte del acuerdo de licencias con el Comité Olímpico Internacional -COI- y responde a la estrategia global de la organización de reforzar el vínculo con los aficionados más allá de las competiciones, en línea con los objetivos de la Olympic Agenda 2020+5.

El COI impulsa a través de su estrategia de licencias oficiales tres líneas principales: la Olympic Heritage Collection, centrada en ediciones históricas; The Olympic Collection, orientada a un público joven y activo; y las colecciones vinculadas a cada edición futura de los Juegos. Todas ellas buscan acercar los valores olímpicos —“excelencia”, “respeto” e “igualdad de oportunidades”— a través de productos que trascienden el terreno deportivo.

La transmisión de valores

Este modelo no solo garantiza ingresos sostenibles para el movimiento olímpico, sino que permite conectar con nuevas generaciones de seguidores mediante prendas, accesorios y objetos que incorporan símbolos gráficos con gran reconocimiento social. En el caso de Lacoste, la reinterpretación de Seúl 1988 actualiza un legado visual que hoy circula también en el ámbito urbano y en la moda global.

El impacto se nota también en la calle: las reinterpretaciones de emblemas olímpicos circulan en camisetas, zapatillas y sudaderas que consumen especialmente los más jóvenes, convirtiéndose en un código estético compartido. En plataformas como Instagram o TikTok, los símbolos olímpicos reaparecen en clave retro dentro de la cultura streetwear, reforzando la conexión entre moda, juventud y memoria visual. La estética olímpica actúa así como un canal de transmisión intergeneracional, situando al olimpismo en un espacio cultural compartido entre deporte, sociedad y moda.

El legado visual de México 1968 y Múnich 1972

El impacto de las identidades olímpicas en la moda y el diseño se ha consolidado a lo largo de las décadas. El sistema gráfico de México 1968, desarrollado por Lance Wyman, introdujo un lenguaje tipográfico y visual basado en el op-art que ha tenido una presencia constante en el textil y el diseño urbano.

Por su parte, el programa visual de Múnich 1972, concebido por Otl Aicher, marcó un antes y un después en la coherencia de identidad de un gran evento. Sus pictogramas deportivos, el sistema cromático y la señalética modular han sido objeto de estudio en instituciones académicas y siguen inspirando gráficos aplicados a equipamiento y moda.

Moscú 1980 y Los Ángeles 1984: símbolos que trascienden

Moscú 1980 introdujo una de las mascotas más reconocibles de la historia olímpica: ‘Misha’. El oso diseñado por Viktor Chizhikov se convirtió en referente de merchandising, con presencia en textiles, complementos y coleccionismo, y es aún hoy un icono con vigencia en reediciones limitadas.

En Los Ángeles 1984, el emblema “Stars in Motion” de Robert Miles Runyan y la aplicación cromática de Deborah Sussman ofrecieron un despliegue visual de gran alcance, consolidando la relación entre olimpismo, diseño gráfico y productos comerciales. Este legado continúa influyendo en reinterpretaciones contemporáneas vinculadas al retro deportivo.

Barcelona 1992, Tokio 1964 y París 1924 como referentes históricos

Barcelona 1992 aportó una identidad mediterránea reconocible con el logotipo de Josep Maria Trias, cuyas formas dinámicas y colores primarios han reaparecido en aplicaciones gráficas y textiles. Tokio 1964 introdujo un sistema pionero de pictogramas deportivos diseñados por Masaru Katsumi, que se convirtió en modelo para futuros Juegos y en fuente de inspiración para la moda minimalista contemporánea.

París 1924, en plena transición hacia la modernidad, sentó las bases de la asociación entre olimpismo y diseño gráfico, un vínculo que se ha reforzado con el paso de las décadas y que hoy es reinterpretado en colecciones oficiales y colaboraciones con marcas internacionales.