Emamali Habibi, una de las figuras más grandes del deporte iraní, falleció el 24 de agosto de 2025 a los 94 años. Conocido como el “Tigre de Mazandarán”, no fue solo un luchador campeón, sino también un símbolo de determinación, coraje y orgullo nacional. Nacido en 1931 en Juybar, Mazandarán, creció en medio de las dificultades de la vida rural. Con esfuerzo incansable y resiliencia, llegó a la cima de la lucha mundial. Como solía recordar: «Fue con lucha y esfuerzo que alcancé el honor, y fue esa lucha la que me formó».
El gran salto de Habibi llegó en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, donde conquistó la primera medalla de oro olímpica en lucha para Irán. Venció a rivales formidables como Alimbeg Bestaev de la Unión Soviética, antes de levantar en lo más alto del estadio la bandera tricolor con el león y el sol. Aquel triunfo histórico fue mucho más que un logro deportivo. Representó un momento definitorio de orgullo nacional para millones de iraníes.
Tras Melbourne, Habibi continuó dominando la escena internacional. Fue tres veces campeón del mundo en 1959 en Teherán, en 1961 en Yokohama y en 1962 en Toledo. Su estilo, una combinación explosiva de velocidad, fuerza y audacia, le valió en el extranjero el apodo de “La Tormenta Iraní”. En su tierra natal siguió siendo el querido “Tigre de Mazandarán”. Sus victorias inspiraron a generaciones de jóvenes luchadores iraníes y demostraron que un muchacho de un pequeño pueblo podía llegar a lo más alto del podio olímpico y mundial.

Emamali Habibi – Juegos Olímpicos de Melbourne 1956
La fama de Habibi también se cruzó con la historia política y social de Irán. Después de su triunfo olímpico, Mohammad Reza Shah Pahlavi lo distinguió con un reconocimiento especial, otorgándole una casa y otros privilegios. Ese respaldo le abrió posteriormente las puertas para llegar al Parlamento iraní. Sin embargo, en sus últimos años Habibi hablaba con sencillez: «Lo más importante de todo fue el cariño de la gente. Ellos me llevaron en hombros y me homenajearon. Ningún poder puede igualar ese afecto».
Tras su retiro de la competencia, Habibi se dedicó a la formación de jóvenes y a la gestión deportiva. Durante décadas fue un pilar de la lucha iraní. En 2007 fue incluido en el Salón de la Fama de la FILA, lo que consagró su lugar como una leyenda mundial de la lucha. Su vida demostró que un verdadero campeón sigue inspirando mucho después de dejar el tapiz.
La historia de Emamali Habibi es la de un hombre que pasó de la pobreza a la gloria, del anonimato al reconocimiento internacional, y de la tierra de Mazandarán al podio olímpico. Luchó con valentía, llevó la bandera de su nación y encendió el orgullo de su pueblo. Como él mismo dijo en una ocasión: «Luché por Irán, por la alegría de mi gente».
Aunque el Tigre de Mazandarán se haya ido, su nombre y su legado permanecerán para siempre en la memoria nacional de Irán. Será recordado no solo como el primer campeón olímpico del país, sino también como un hombre que unió humildad, coraje y el cariño de la gente. Emamali Habibi ya no está, pero la bandera que levantó en Melbourne nunca caerá.
