Los atletas cuyos niveles de testosterona o patrones cromosómicos no encajan en las definiciones médicas tradicionales de hombre o mujer suelen quedar fuera del alcance de las pruebas de verificación de género. Los deportistas intersexuales, que no se ajustan plenamente a ninguna de las dos categorías, están en el centro de este debate. Algunos pueden presentar cromosomas XXY con niveles muy bajos de testosterona y características físicas que no corresponden a la categoría masculina, pero al mismo tiempo quedan excluidos de la división femenina. Esto plantea preguntas urgentes sobre sus derechos deportivos y sobre los protocolos que utilizan las federaciones para determinar su elegibilidad.
El tema cobró nueva urgencia tras la polémica por las pruebas de género en el boxeo de los Juegos Olímpicos de París 2024. Desde entonces, la verificación sexual se ha convertido en una prioridad para muchas federaciones internacionales. Bajo el liderazgo de Kirsty Coventry, presidenta del Comité Olímpico Internacional, la cuestión se ha formalizado en un marco normativo global.
World Boxing, la nueva federación nacida de la ruptura entre el COI y la IBA y reconocida ahora como el único organismo rector del boxeo olímpico, ha seguido el mismo camino. La entidad presentó recientemente su propia política de verificación de género, concebida como una medida para garantizar la seguridad de las mujeres en el ring, pero que refleja también una tendencia mundial hacia normas de elegibilidad más estrictas.

Caster Semenya de Sudáfrica
Sin embargo, la política plantea importantes retos científicos, éticos y jurídicos. La experiencia histórica ha demostrado que los tribunales pueden intervenir y revocar los resultados de estas pruebas, lo que obliga a las federaciones a equilibrar la equidad, la inclusión y la protección en un terreno donde los límites siguen siendo objeto de disputa.
«Soy una mujer, y así me hizo Dios»
Con esas palabras se defendió Caster Semenya, la corredora sudafricana de media distancia que ganó dos oros olímpicos en los 800 metros, en Londres 2012 y Río 2016. Su carrera ha estado marcada por la controversia sobre su género después de que las pruebas revelaran que es intersexual. World Athletics le exigió tomar medicación para reducir los niveles de testosterona que superaban el umbral permitido en la categoría femenina. Semenya apeló la decisión ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) y en 2019 obtuvo un fallo favorable.
No es la única atleta intersexual que ha logrado una victoria judicial. La velocista india Dutee Chand también llevó su caso al TAS en 2015 y consiguió un fallo histórico.

Lin Yu-ting de Taiwán
En el centro de estas disputas está la ausencia de una directriz clara y coherente del Comité Olímpico Internacional sobre la elegibilidad de género, en particular para los deportistas cuyas características biológicas no encajan del todo en las categorías tradicionales de hombre o mujer. Esta falta de definición ha puesto en riesgo tanto la dignidad de los atletas como el principio de juego limpio. La polémica volvió a estallar en París 2024 cuando la boxeadora italiana Angela Carini abandonó el combate contra la argelina Imane Khelif, negándose a continuar ante lo que describió como “golpes imposibles de soportar”.
La decisión de Khelif de seguir compitiendo y someterse a pruebas de género, independientemente del resultado, refleja la identidad de género con la que se define y vive. La controversia en los Juegos de París 2024, que puso en el foco a ella y a la taiwanesa Lin Yu-ting, se convirtió en una crisis total. La responsabilidad estuvo repartida: la dirección del COI bajo Thomas Bach permaneció silenciosa y sin rendición de cuentas, la Federación de Boxeo de Argelia optó por el ocultamiento y la IBA explotó la situación con una clara falta de equidad. Al final, el verdadero fracaso no fue la identidad o las decisiones de Khelif, sino las instituciones que permitieron que se desarrollara una tragedia humana y deportiva.

Rebecca Quinn de Canadá
Rebecca Quinn, más conocida como “Quinn”, es futbolista profesional de la selección nacional de Canadá y es reconocida como la primera atleta abiertamente trans y no binaria en ganar una medalla de oro olímpica. Quinn hizo historia en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 cuando Canadá se coronó campeón. En 2020, declaró públicamente su identidad como persona no binaria y utiliza los pronombres they/them.
Ahora, con Kirsty Coventry al frente del COI, las expectativas sobre la primera presidenta mujer en la historia del organismo han adquirido una nueva dimensión. La responsabilidad de la presidenta Coventry de preservar la dignidad de las atletas y garantizar su seguridad es claramente diferente a la de los liderazgos anteriores. Ahora le corresponde actualizar los procedimientos de verificación de género con mecanismos científicos y jurídicos sólidos, previniendo cualquier posible abuso
